Quizá la parte más importante. Un contenedor ideal es aquel que:

 

·        Permita la fácil visualización del estado de

            las semillas y plántulas

       

·        Mantenga la humedad por un largo período de tiempo si

            fuera necesario

      

·        Bajo costo

 

            Según mi experiencia, el mejor contenedor para bajo número de semillas son aquellos potes plásticos con tapa transparentes que se usan para helados. La tapa transparente nos permite chequear sin tener que abrir muy seguido y como es hermético, se logra un microclima estable ideal.

 

Aquí dos semilleros de Eriosyce curvispina spp marksiana var. lissocarpa (con unos 6 meses de diferencia; el de la izquierda tiene unos 2 meses, mientras el otro 8)

 

 

 

 

            También puedes utilizar envases de cassatas o helados grandes para un mayor número de semillas, o en su defecto, si no posees envases de helados, puedes usar una botella cortada a la mitad, con la parte superior a modo de domo o un macetero tapado con bolsas plásticas, vidrio o cualquier elemento transparente.

 

cassata

 

 

 

Sobre el método de la botella, dejemos que su creador nos hable: Técnica de Yamal

 

También puedes usar vasos plásticos  unidos por la boca (especialmente recomendable para plántulas grandes como Opuntia, que crecen rápidamente y necesitan contenedores altos) . Aquí les presento el semillero de un  amigo español, David   Cañas:

 

 

 

 

El sustrato para semillas debe tener una cantidad de nutrientes suficientes para acelerar un poco el crecimiento, sin que las plantas adopten una morfología antinatural. Además debe poseer excelente drenaje, para evitar problemas de pudrición o debilidad de las plántulas. Estas características las consigo mezclando una parte de tierra de hoja totalmente decompuesta con dos o tres partes de arena gruesa, de granos heterogéneos. Evita a toda costa la arena fina, pues con la humedad se apelmaza y al secarse el sustrato de compacta demasiado.

 

Arena y tierra de hoja 

 

 

La arena puede ser reemplazada por maicillo fino, trocitos de cerámica cocida, gravas u otro material que otorgue drenaje y que tengas a mano. Lo ideal es que sus granos no pasen de 1 a 2 mm de diámetro, esto se logra con un colador. No uses arena de mar, pues tiene muchas sales difíciles de lavar.

 

La tierra de hoja debe estar totalmente descompuesta, o sea reducida a polvillo, ya que cualquier trozo grande de materia vegetal, con la humedad, tenderá a descomponerse y puede afectar a las plantitas.

 

 

 

El sustrato  resultante tiene más menos la consistencia del azúcar, algo más suave por la tierra de hoja.

 

            Una forma de eliminar parte de los patógenos que puedan existir en el sustrato es humedeciéndolo y calentarlo en microondas; así mismo, lo que suelo hacer es poner la arena en una olla, la humedezco y la pongo a fuego vivo en la cocina, por unos 5-10 minutos hasta que pierda toda la humedad. No es un método muy elaborado, pero me da resultado…

 

            Una vez preparado el sustrato, procedan a perforar con una aguja el fondo de su pote. Estas perforaciones nos permitirán regar por capilaridad y  drenar el exceso de agua.

 

 

 Pon una pequeña capa de arena gruesa o gravilla en el fondo de del pote, y luego agrega el sustrato hasta la mitad del pote.

 Gravilla

 

Sustrato preparado sobre la gravilla

 

Recuerda poner el nombre de la especie y la fecha de siembra

 

 

Ya preparado el recipiente, sustrato y semillas, procedemos ahora a la siembra.

 

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